martes, 26 de enero de 2010

Este cambio repentino

La tarde estaba oscura y lluviosa. No había demasiada gente por las calles de Manhattan pero eso no me importaba. Estaba muy preocupada por mi madre, llevaba dos días sin pasar por casa y eso no era algo típico de ella. Su ropa estaba en el armario, sus zapatos igual, no había signos de que se hubiese ido de viaje, pero aun así no llegaba...
La tarde del 4 de Diciembre apareció por casa la tía de mi madre, de la cual no sabía nada desde hacía dos meses, y me dijo que venía desde Australia para cuidar de mí mientras mi madre se ausentaba.

Me comentó que estaban haciendo una búsqueda especial para encontrarla. Ojalá tuviesen suerte.

A la mañana siguiente, al ir a desayunar, me encontré la cocina hecha un asco. La tía Monique la había llenado de botes que guardaban mejunjes con olores muy extraños, puaj.... pero los dejé ahí. Me daba igual cuantas porquerías se hubiese traído de allí, esa era mi casa y podría tirarlas en cuanto quisiese.
Estaba durmiendo tan tranquila cuando escuché un ruido abajo y me desperté sobresaltada. Notaba un ambiente extraño en la casa, y escuchaba ruidos que no eran típicos a las cuatro de la mañana... No estábamos solas

Salí de la cama rápidamente y me dirigí al cuarto de mi tía con rapidez, pero ella no estaba en él.

Sentí que un escalofrío me recorría de arriba a abajo cuando escuché una pisada detrás de mí. Salté y me gire pero no encontré a nadie, sin embargo notaba una presencia cercana a mí y no me parecía la de tía Monique.

Salí de la casa aprisa pero choqué. Delante de mí se alzaba un chico de unos catorce años. Lo miré y sin saber por qué me volvió a dar un escalofrío.

Ese chico tenía un halo extraño. Hasta sus ojos, de un azul precioso cielo, inspiraban terror.

Valeria, dijo, y después desapareció como una sombra al salir de repente el sol.

Me dio la extraña impresión de que no sería nuestro único encuentro

Al rato llego la tía y me preguntó que como estaba despierta tan temprano, y sencillamente le dije que no tenía sueño, cosa que era mentira, ya que me estaba durmiendo sola.

No le pregunte de donde venía, no tenía ganas. Me volví y me fui para mi habitación a arreglarla.

Cuando tuve el cuarto limpio bajé a desayunar. La tía me había hecho unas tortitas y un cuenco de cereales. ¡Me sentaron genial! Cogí mis cosas del colegio y me encamine hacia él.

La mañana estaba calurosa, así que disfrute del camino.

Las clases pasaban rápido y pronto llego la hora de comer. Me senté con Cristin y hablamos de cosas mientras nos comíamos la comida del colegio, que por cierto estaba asquerosa.

Tuvimos tres horas más de clase, así que salimos bastante tarde.

No volví a pensar en la noche pasada hasta el atardecer de ese día, cuando llegué a casa.

Durante el camino de vuelta había notado como si alguien me estuviera siguiendo, y de hecho así era. El extraño chico del día anterior me había seguido todo el camino de vuelta

Me estaba empezando a asustar aquel juego. Pronto me di cuenta de que no era una broma, ya que después de tres semanas de nuestro primer encuentro en mi casa el extraño chico me seguía espiando y persiguiendo.

Había salido con mis amigas a tomar algo y se nos había hecho tarde, así que decidimos volver a nuestras respectivas casas. Mientras pasaba por un callejón oscuro alguien se abalanzó sobre mí, y me intento golpear, pero algo hizo que me levantara y echara a correr.

Al levantarme vi a aquel chico ante mí. Él se acerco y de repente me abrazó con más fuerza de la que nunca pensé que nadie pudiese tener. Casi me hacía daño.

Me dijo que se llamaba Erick y que no me preocupase porque me rondase, que no pretendía hacerme daño. No sé porque pero le creí.

Me sentía protegida cuando él estaba cerca de mí.

Un par de días después lo encontré de nuevo en mi casa y mantuvimos una extraña conversación. Él se pasaba la mayoría del tiempo escuchando lo que le decía, cosas de mí y eso, pero cuando le preguntaba sombre él apenas hablaba. Es como si no hubiese tenido vida antes de conocerme.

Al parecer lo primero que recuerda es haberme visto en una tienda y seguirme y antes nada.

Era demasiado extraño como para creérselo pero aun así yo le creía. Aun que lo conocía desde un mes atrás me era muy familiar. Tenía la sensación de que en algún momento de nuestras vidas él y yo nos habíamos conocido.

Nos parecíamos mucho, éramos blancos como la nieve, con esas familiares pequitas en las mejillas y en la nariz, con el mismo color de ojos... lo único que cambiaba era el color del pelo, ya que él lo tenía oscuro como el carbón, y yo era rubia como el sol. Quien no nos conociera pensaría que éramos hermanos.

Al día siguiente llegó una carta a casa. ¡Era de mi madre! Decía que me mantuviese cerca de Erick, que él cuidaría de mí mientras ella se ausentase. ¡Era increíble! ¡Mi madre había contactado conmigo solo para decirme que dejase que Erick cuidase de mí! ¿Pero cómo podía saberlo ella?

Empecé a preocuparme otra vez. Llevaba dos días con un dolor de cabeza insoportable. Escuchaba ruidos y conversaciones de personas en mi cabeza y desde luego no eran imaginaciones mías.

Al día siguiente le dije a mi gato que se sacara de la cama y para mi sorpresa me obedeció y me dijo que en el sofá no se estaba cómodo. ¡Eso ya era demasiado! Fui a junto de tía Monique corriendo y se lo conté, y ella, como si fuera lo más normal del mundo me dijo que eso eran cosas normales en la adolescencia. Al ver mi cara de asombro me preguntó si sabía lo que era, y yo le dije que humana, ¿qué iba a ser sino, extraterrestre? Ella rió a carcajada limpia durante más de cinco minutos y después se puso seria y me dijo que yo era una bruja. En ese momento no pude más y me desmayé.

Al despertar tenía a muchas mujeres a mi alrededor, entre ellas mi tía. Eran un club de locas, seguro. Pero entonces vi a Erick y me sonrió, entonces me tranquilicé y me intenté levantar pero cuando me di cuenta ya era tarde. No podía levantarme porque no estaba sobre nada. Estaba flotando en el aire. Entonces Erick se acerco a mí y me ayudó a equilibrarme.

Lo siguiente que me dijo es que eso era lo normal cuando uno se enteraba de que era mágico. Entonces lo entendí todo, tras una breve explicación de lo que había pasado de él. También me contó por qué nos parecíamos tanto. ¡Al parecer Erick y yo éramos hermanos mellizos! Eso sí que fue toda una sorpresa. Pero lo mejor de todo fue que cuando me dijo que mamá estaba allí mismo. Por poco me da un ataque de alegría.

En cuanto la vi salí corriendo junto a ella y nos abrazamos durante un buen rato. Me explicó que durante la obtención de poderes no podía estar presente, por tanto se había ido a un piso que tenía en Barcelona, lo más lejos posible por si algo salía mal. Pero por suerte nada salió mal, ni entonces, ni en adelante.

Salió el sol como cada mañana, pero esta era diferente, hoy era el gran día. No pensé que sería tan larga la espera. Los días se me habían hecho eternos desde que la mandaron al hospital. Por fin llegó, con mi pequeña hermana en sus brazos.
Erick y yo fuimos a verla enseguida. Nos quedamos atónitos ante semejante hermosura de niña. La pequeña Anne era trigueña de estructura larga y esbelta. Sin duda cuando fuese adulta no tendría problemas con los chicos, bromeó Erick. A mí me pareció una broma de mal gusto. Anne sería mi niña mimada hasta que creciese lo suficiente como para que le diesen cariño otras personas...
Jamas podrè olvidar aquella mañana.

5 comentarios:

Manuel Riveiro Sotelo dijo...

Muy interesante

Alexandra dijo...

La historia es muy interesante.
Lo que más me gustó fue la noticia
de que Erik y la protagonista eran
mellizos.
Eso sí,no entiendo los dós últimos párrafos.
Aún así está bastante bien.

Janet dijo...

Es una historia muy interesanti y entretenida que tan pronto como empiezas a leer no puedes parar

Victoria Regueira Curbelo dijo...

Está genial.Me gustó sobre el principio porque me encanta Manhattan.

Miguel Rodríguez Martínez dijo...

Está muy bien. Me gustó mucho.