jueves, 3 de diciembre de 2009

Laura y la cueva


Amanecía y el nuevo sol pintaba de oro las ondas de un mar tranquilo.

Yo, Laura, una niña de rostro blanco, rubia y con el pelo largo y con los ojos azul cielo me acababa de despertar.

Pensaba que aquel sería un día rutinario, pero estaba equivocada, ese día haría algo de lo que me arrepentiría el resto de mi vida.

Desayuné, me duché, me vestí y me sequé el pelo. Llevaba un pantalón pitillo azul y una camiseta de leopardo unas bailarinas negras y una chaqueta negra. Cogí la mochila y salí por la puerta, eran las ocho menos cuarto de la mañana y cogía el bus a esa hora así que me puse a correr porque si lo perdía nadie me podría subir al instituto y tenía un examen a primera hora.

Cuando llegué a la parada, el bus aun seguía allí y me monté.

Al llegar al colegio fui a junto de Nerea y Marta, mis dos mejores amigas. Nada más llegar escuche algo de que aquel día, ese día tan normal como otro cualquiera no sería tan normal porque hoy era del día de Halloween.

Se lo fui a contar a mis amigas pero ellas ya lo sabían.

Estábamos hablando de ello y se nos acercó Sara, un chica guapa, morena, de pelo corto y nos preguntó si íbamos a entrar en el pasadizo que los profesores habían hecho para divertirse un rato, y como nos pareció buena idea fuimos.

Antes de entrar yo estaba cansada y me apetecía sentarme un rato, además el pasadizo yo sabía que sería muy largo y me cansaría. Me senté en un banco que había debajo de las escaleras principales y espere un poco. Marta y Nerea me acompañaban.

Estábamos hablando de nuestras cosas y encima de nosotros, en las escaleras se sentaron los ''ways'' del colegio, los chicos de bachiller por los cuales todas las niñas del colegio estábamos coladas.

Cuando abrieron el pasadizo la puerta tenía hasta telarañas, pero de las de verdad y nos levantamos para entrar. Unos cinco pasos antes de entrar nos llamaron los de bachiller y nos dijeron que fuéramos allí. Fuimos. Marta les preguntó que qué pasaba y ellos nos respondieron con otra pregunta. -¿Vais a entrar en el pasadizo? Les dijimos que sí y ellos nos dijeron que estábamos locas y que no entrásemos que al último niño que había entrado allí no se le había vuelto a ver y que nos pasaría lo mismo. Nerea nos dijo que no nos preocupásemos que seguro que lo decían para asustarnos y que no entrásemos.

Los de bachiller se habían ido y entonces decidimos entrar.

Un hombre nos esperaba en la puerta y nos la abrió, era el nuevo de tecnología, un profesor al que todo le daba igual, que decía que era profesor para gana dinero.

No se veía nada y estiré los brazos para tocar algo, para poder andar en la dirección correcta. Marta me agarraba por la camiseta y Nerea agarraba a Marta. De pronto nos agarraban por los pies y nos tiraban objetos y nos daban sustos. Nosotras gritábamos y gritábamos sin parar pero desde fuera no se escuchaba nada. Algunas veces los objetos que nos tiraban me hacían daño y gritaba mucho más fuerte de lo normal.

Pasaron 5 minutos, aunque a mí me parecían 5 horas, y ya estaba deseando encontrar a puerta para ir al recreo. Todo me dejó de hacer gracia, ya no gritaba, prefería ir atenta, el miedo me recorría por dentro, las piernas me temblaban, no paraba de mover los brazos, ya no sabía a dónde ir así que paré. Me di la vuelta y ni Marta ni Nerea estaba detrás ¿Habrían ido por otro camino? yo eso no lo podía saber.

Con los nervios me di media vuelta y seguí buscando la salida. Después de mucho andar empecé a ver claridad, llevaba allí dentro una media hora, quince minutos de esa media hora sin mis amigas.

Cuando vi la claridad no sabía de dónde venía, yo estaba muy cansada y estaba por rendirme y que alguien de fuera me viniera, pero nadie sabía que yo estaba allí, porque habíamos faltado la primera hora y los profesores pensarían que nos habíamos quedado dormidas, o algo así.

Vi una puerta y corrí hacía ella, algo me agarró por la pierna y me tiró hacia atrás. Aun hoy en día no sé lo que fue, pero preferí no mirarlo e intentar soltarme, solo sé que esa cosa extraña que me atacó era peludo o peluda, con unas uñas muy grandes y afiladas, tenía la boca llena de saliva y gruñía como un monstruo. Me solté y empecé a correr hacia aquella puerta.

En el momento en el que iba a empujar la puerta escuché a Nerea y a Marta riéndose y gritando. Venían por otro camino del túnel, y como estaba muy oscuro preferí esperarlas en la parte de dentro pero al lado de la puerta.

Cuando llegaron Marta y Nerea me preguntaron que dónde me había metido y les conté todo lo que me había pasado. No me creían, pensaban que les estaba tomando el pelo. Yo tenía mucho miedo, ¿y si no hubiera conseguido escapar? ¿Y si ese bicho, o lo que fuera, que me hubiese agarrado y me hubiese encerrado en una jaula, me hubiese cebado con la intención de devorarme poco a poco?

Llegamos tarde a la clase de matemáticas, pero nos dejaron entrar.

Estaba en clase y me tiraron a la cabeza un papel, cayó al suelo y lo cogí. Era una nota de Marta y me ponía; ‘‘¿Es verdad todo lo que nos contaste? Estás loca tía, como te va a pasar eso, me parece muy raro, un bicho o un monstruo. Seguro que nos estas tomando el pelo ''. Le dije que no, que era verdad, y que no se lo creyera si no quería, yo sabía muy bien lo que había visto, o mejor dicho yo sabía muy bien lo que me había tocado una pierna y todo ese miedo que había pasado no lo olvidaría jamás.

En el recreo no sacamos el tema, si lo hacía yo me llamarían loca y si lo sacaban ellas yo me enfadaría porque no me creen, y son mis amigas.

Llegué a casa y comí, estaba viendo la televisión y me quedé dormida.

Me llamaron al timbre y me desperté. Era Nerea, me pregunto que si bajaba a dar una vuelta con ellas, le dije que sí pero que subieran a mi casa que me tenía que cambiar.

Fui a mi armario cogí mi pantalón de leopardo, una camiseta marrón unas bailarinas y una chaqueta marrón, me fui a la sala a cambiarme porque así hablaba con ellas y mientras me quitaba el pantalón Nerea me preguntó que qué era lo que tenía en la pierna, tenía un arañazo muy grande y me había sangrado, aunque ahora ya estaba seco. Les dije a Nerea; '' Si no te lo quieres creer no te lo creas, pero deberías saber muy bien por qué tengo esto en la pierna''.

Marta y Nerea se miraron asustadas, me empezaron a creer porque nadie es tan tonto como para hacerse un corte en la pierna e inventar todo lo del túnel.

Por la tarde fuimos al patio del colegio para ver si veíamos algo extraño, y nada, eran las ocho y empezaba a hacer un poco de frío, así que decidimos marcharnos. Nos íbamos a ir y de pronto vimos que la luz del colegio se encendía, nos escondimos detrás de unos arbustos que había al lado de una ventana y empezamos a espiar.

Un hombre vestido de negro tenía una jaula muy, muy grande y toda tapada de cartón para parecer que era una caja. Entró en el pasadizo y salió tirando muy fuerte de la caja, se escuchaba un respiro muy intenso y gruñidos muy altos, nos dimos cuenta de que algo había allí dentro. Era algo muy grande. Yo ya sabía lo que era.

El conserje le abrió la puerta, le dio un pollo muerto y lo tiro dentro de la caja, el hombre de negro le dijo que este año lo guardarían aquí, en nuestro colegio.

Abrieron un ascensor y lo metieron dentro, le dieron a un botón que había en el techo y cerraron las puertas.

Nosotras quedamos asustadas ¿Qué sería eso? ¿A dónde lo llevarían? ¿Estará todo el año en nuestro colegio?

Quedamos en que mañana a la hora a la que todos los profesores toman el café nos escaparíamos se clase y subiríamos en ese ascensor.

Era por la mañana y me estaba subiendo al autobús, tenía mucho miedo y deseaba llegar y estar con Marta y Nerea.

Cuando llegué las busque pero aun no habían llegado, aun tardaron 10 minutos.

Entramos a clase y nos comportamos como si nada.

Eran las doce menos cuarto y yo hice que quería vomitar, así que fui rápido para el baño. Marta dijo que si podía ir a tomar una manzanilla y le dijeron que sí. A la misma vez Nerea hizo que se caía en clase y que le dolía una mano para poder ir a conserjería. Nos encontramos las tres en el baño.

El colegio estaba vacío, ni un profesor, ni un alumno corriendo por los pasillos, nada de nada. Los profesores estaban o en clase o tomando un café. Solo estábamos nosotras, o eso pensábamos.

Le dimos al botón del ascensor, tardó un rato en abrirse, pero no sé por qué.

Al entrar Marta se subió encima de Nerea para poder llegar al techo y le dio al botón, las puertas se cerraron y el ascensor empezó a subir, pasaron como unos tres minutos y el ascensor seguía subiendo. Teníamos muchísimo miedo.

De pronto las puertas se abrieron, estaba todo muy oscuro, nada más salir del ascensor se encendió una luz, era como un monte, o al menos había muchos árboles, era un pasillo todo recto y al final vimos una sombra muy grande con muy mala pinta. Parecía un monstruo, aunque yo creo que lo era.

Nos acercamos poco a poco, y cuando le íbamos a ver la cara por primera vez algo agarró a Marta y nosotras empezamos a chillar, era el conserje, nos encerró en una jaula y no nos dejó salir de allí hasta que le contamos todo lo que sabíamos del bicho ese raro.

Cuando bajamos nos hizo jurarle que no volveríamos allí y que no diríamos nada.

Quizás solo nos dejaba salir porque los profesores nos echarían de menos.

Ahora todas las mañanas al llegar a clase nos coincide pasar por enfrente de conserjería y el conserje nos mira.

He probado a volver a salir al baño a las doce menos cuarto y el conserje siempre está a esa hora en la puerta del ascensor o merodeando por allí para que no volvamos nunca.

Todas las tardes veníamos a jugar a este colegio, y el otro día nos dimos cuenta de que el conserje se marchaba a las nueve y a esa hora podríamos entrar. Se lo propuse a las chicas, ellas dijeron que no, que pasaban completamente, no querían poner su vida en peligro. Tenían razón.

Ha pasado ya mucho tiempo y aun no sé qué es lo que me atacó en aquel pasadizo, casi prefiero no saberlo pero la curiosidad me mata, sigo en el mismo colegio aunque he hecho lo imposible por salir de allí. No me puedo concentrar bien sabiendo lo que sé, pero el conserje nunca entrega mis papeles de cambio de colegio a tiempo, así me tiene bien controlada. Solo falta un año y me iré ya de allí, acabaré la eso y me iré a Santiago a estudiar. Me pregunto si me dejaran irme de aquí o si dentro de un año nos encerraran con ese monstruo.

Tengo mucho miedo. Por las mañanas me despierto y no quiero ir al colegio. Mis notas han bajado. Tanto yo como Marta y Nerea daríamos lo que fuera por irnos de este colegio.

Ahora estoy en cama, enfrente del ordenador y me voy ya a dormir. Mañana será otro día más duro, otro día en ese colegio, y si tú lees alguna vez esto, sube en ese ascensor sácame de allí. Yo no puedo salir sola.

2 comentarios:

Anthony Smith dijo...

Que miedo da sólo hasta leerlo. Deberías trabajar para una empresa de libros de terror. Ganarías un premio seguro!

Miguel Rodríguez Martínez dijo...

Da mucho miedo.