jueves, 10 de diciembre de 2009

Vacaciones de terror

Era una tarde como otra cualquiera. En pleno mes de Julio. Como de costumbre mi madre, mi hermano y yo nos íbamos de vacaciones.
Este año mi madre no tenía muy claro a donde íbamos a ir pero mi hermano y yo teníamos una idea, queríamos ir a Disneyland, París, pero mi madre no y como no le parábamos de decir que queríamos ir allí se enfadó y decidió elegirlo ella sola sin consultarnos.
Esa misma noche estuve pensando a dónde iríamos, yo quería ir o al parque de atracciones o a un balneario de lujo.
A la mañana siguiente empezamos a hacer las maletas. Como no sabía a dónde íbamos a ir metí toda la ropa que tenía.
Mientras hacía las maletas vi una foto de mis amigos y pensé en lo mucho que los echaría de menos porque en todo ese verano no los vería ni una sola vez.
Por la tarde nos fuimos hacia el lugar que había elegido mi madre.
Yo estaba muy ilusionada porque estaba segura de que mi madre había elegido el balneario.
Estuvimos bastantes horas en el coche hasta que llegamos, lo peor fue que no era ni el balneario ni el parque de atracciones, era un simple hotel, muy antiguo.
Cuando entré lo mire bien y era mucho peor de lo que yo tenía en mente, el suelo chirriaba un montón y estaba lleno de cuadros muy antiguos.
Cuando nos instalamos no paraba de preguntarle por qué nos había llevado allí. Ella solo me contestó que era un buen sitio para relajarse, hacer amigos y que podía dibujar que allí había muchos espacios nuevos.
Yo pensaba todo lo contrario, solo era lo mejor para ella pero lo bueno es que podía dibujar.
Después de hablar con mi madre me dirigí hacia el pueblo.
El pueblo era muy rural, la mayoría de las casas eran de piedra o de ladrillo y parecía muy tranquilo.
En el pueblo había muchos niños jugando por las calles no era como en la ciudad.
Cada vez que miraba más el pueblo más me gustaba porque era algo nuevo para mí.
Estuve caminando por el pueblo y encontré un parque de skate donde había muchos chicos. Una chica se me acercó y se presentó. Se llamaba Rosa, era muy simpática y yo a ella le parecía una chica muy interesante porque en el pueblo no había ninguna chica que dibujara casi todo lo que veía.
Al atardecer me fui para casa, mi madre me preguntó qué tal me había ido el día y yo, por mi orgullo, me negué a contestarle.
Por la noche no sabía que hacer y estuve dibujando ese cuadro antiguo que había enfrente de mi cama. El cuadro era de un pintor anónimo de algún rey católico. Poco después me quedé dormida.
A la mañana siguiente fui a dar un paseo y me encontré con Rosa y fuimos a su casa.
Estuvimos en su cuarto. Era un cuarto bastante grande y de color rojo, me encantaba su cuarto. Poco después bajamos al salón y había un niño muy guapo, de ojos claros. Se llamaba Sergio.
Estuvimos un rato viendo la televisión y nos fuimos. Rosa se tenía que ir con su madre y yo me fui al bosque a dibujar.
Estaba dibujando un árbol que parecía muy viejo. Cuando estaba concentrada en el dibujo oí unos lloros, parecían un llanto de niño pequeño y fui a ver si había alguien. Estuve bastante tiempo inspeccionando el bosque pero allí no había nada, solo había un montón de hojas amontonadas en el suelo y parecía una persona o así, por la forma que tenía. No la levanté si no que fui corriendo a buscar a mi madre.
Mi madre no me creía y la tuve que llevar a la fuerza. Cuando llegamos al bosque no había nada, ni hojas ni nada, mi madre se enfadó mucho porque decía que me lo había inventado todo. Pero yo estaba segura de que allí tenía que haber algo porque antes de que llegara mi madre había hojas y había escuchado llantos.
Cuando llegué a casa me encerré en la habitación y me puse a escribir lo que me había pasado. Cuando me metí en cama estuve dándole vueltas al tema pero no le encontraba ninguna explicación.
Por la mañana me levante temprano porque quería darle un regalo a Rosa por ser tan buena conmigo.
Fui hasta la tienda que había en el pueblo. No sabía que comprarle porque no sabía sus gustos pero tenía una idea, le podía comprar un peluche o algo por el estilo. Por fin me decidí y le compré un peluche rojo a juego con la habitación.
Por la tarde me llamó y fuimos a dar una vuelta. Le di mi regalo y le gustó mucho dijo que era muy bonito.
Cuando íbamos de camino al parque le conté lo que me había pasado y ella me puso una cara rara y le dije que sino me creía que se lo iba a enseñar.
Nos dirigimos hacia el bosque, tardamos un poco en llegar porque estaba en las afueras del pueblo. Cuando llegamos estuvimos buscando el montón de hojas, y por fin lo encontramos. Ella estaba asustadísima y miraba para mi como diciéndome, "tenías razón".
No paraba de preguntarme que podía haber allí abajo. Luego empezó a decir cosas de que podía ser un perro muerto y lo peor que dijo fue que también podía ser un niño muerto. Cuando me dijo eso pensamos en levantarlo, pero teníamos muchísimo miedo y a la vez curiosidad. Al final lo levantamos. Empezamos a mover las hojas y lo más decepcionante fue que allí no había nada.
Cuando llegué a casa estuve dándole vueltas, vueltas y vueltas a que allí antes había algo.
Casi por la noche me fui yo sola al bosque y lo más extraño fue que las hojas estaban en su sitio de nuevo.
Mientras observaba el montón de hojas me parecía oír otra vez los lloros, pero allí no había nadie y pensé que era mi imaginación. Pero el llanto seguía y ya no era mi imaginación.
Lo primero que hice fue irme de allí sin hacer ruido, pero, sin querer, pisé una rama que hizo ruido y de repente el lloro paró. Estaba asustada y no me moví en ningún momento.
A lo lejos había una niña pequeña con un vestido blanco que parecía un camisón, me acerqué rápidamente a ella para ver que hacía allí sola. Estaba pálida y muy ojerosa, me acerqué lo más que pude y le pregunté que hacía allí ella sola y si estaba bien. No me contestaba, solo me señalaba con el dedo a una dirección moviendo la cabeza de un lado a otro.
Me asusté pero le seguí preguntando, pero ella se fue.
Me fui corriendo porque ¿cómo una niña puede desaparecer así?
Lo único que hacía era correr pensando que era un fantasma.
Al llegar al hotel me fui corriendo para mi habitación toda asustada e intentando descubrir qué todo aquello tan extraño.
Cuando estaba más tranquila se me apareció la niña tapándome la boca y acercándose a mí me advirtió que no me metiera en sus asuntos.
Pude quitarme la mordaza que me había puesto y empecé a chillar para que se fuese de allí. Mi madre entró de repente en la habitación.
No paraba de preguntarme qué me pasaba. No le contestaba del susto que había llevado. Me metí en mi cama y me quedé dormida.
Estaba soñando que era una niña como otra cualquiera en mi cama durmiendo, pero de repente aparecieron una chica y un chico y lo que les dije fue "hola mama, hola papá, ¿que hacéis con ese mazo y esa cuerda?"
Empecé a chillar porque me estaban agarrando y atándome con la cuerda. Me empezaron a dar con el mazo.
No paraba de sangrar y de chillar, como no me había muerto todavía llenaron la bañera y me ahogaron.
De pronto me desperté y lo último que me acuerdo fue que me desperté en el hospital con muchos golpes.
Le conté a mi madre lo que me había pasado pero ella no me creyó, mi madre me dejó sola porque el doctor le había dicho que tenía que descansar.
Cuando estaba tranquila apareció la niña diciéndome "esto es lo que me pasó a mi"
De lo nerviosa que estaba, cogí un cuchillo y me escapé del hospital por una ventana. Me cobijé debajo de un edificio, pero la niña me seguía rondando diciéndome que iba a morir y yo lo que hice fue cortarme las venas.

3 comentarios:

Miguel Rodríguez Martínez dijo...

Está muy bien

Victoria Regueira Curbelo dijo...

Está muy bien, me gusta mucho.¡Besos!

Helena Coya dijo...

Es interesante y da reletivamente miedo, es decir; en una situacion tensa de terror desencadenaría pánico en fin que me gustó mucho