martes, 15 de diciembre de 2009

El niño que ayudó al anciano

Había una vez un niño pobre que vivía en una cabaña con su familia. El niño no podía ir a la escuela ya que, en su casa, escaseaban los bienes económicos. Se encargaba de cuidar del rebaño de ovejas y cabras de sus abuelos. Por las mañanas iba al prado de la fuente del pueblo y por las tardes subía al campo de los Abetos en las montañas.

Una tarde de primavera, después de las grandes nevadas del invierno, el niño se dirigió al campo de los Abetos, cuando de repente escuchó un llanto que provenía de la cueva de los Cántaros. El niño entró en la cueva y su asombro fue mayúsculo cuando descubrió que un hombre de avanzada edad se encontraba en el suelo de ésta.

El hombre le preguntó si lo podía ayudar a levantarse y éste le ayudó. Le dio un trozo de su merienda y lana de oveja para que pudiera entrar en calor. Se despidió de él y bajó a la cabaña a cenar. Les contó a sus padres lo que había sucedido en el bosque. Los padres le dijeron que no pasaba nada. Al día siguiente el chaval le llevó una cesta con provisiones y le preguntó cómo había llegado a allí.

Antonio que así se llamaba el anciano, le respondió que su trabajo ya no le daba para vivir y que había salido en busca de uno mejor, pero como ya había visto no le había dado tiempo a llegar a un sitio donde lo hubiera.

Tras unos días de temporal el anciano se puso malo y estaba a punto de morir. Antonio le preguntó cómo podía compensar todo lo que había hecho por él.

El niño le dijo que no hacía falta. Cuando el anciano murió también murió el chaval.

2 comentarios:

Miguel Rodríguez Martínez dijo...

Está bien.

Sofía Rial dijo...

Parece el cuento de Heidy pero con un chico.